Basilio Sánchez


Crítica a Esperando la noticias del agua

Albert Lladó: Esperando las noticias del agua. Revista de Letras, 29 septiembre de 2018. http://revistadeletras.net/esperando-las-noticias-del-agua-basilio-sanchez/

Basilio Sánchez (Cáceres, 1958) acaba de publicar en la editorial Pre-Textos un nuevo poemario, Esperando las noticias del agua, en el que la sed se convierte en un hogar rural y metafórico. Se trata de un poema único, dividido en cuarenta y ocho fragmentos, que ofrece como hilo narrativo el amor entre dos jóvenes, desnudos de tecnología y de ruido.

El autor, que antes ha publicado Los bosques interiores, Las estaciones lentas o Cristalizaciones, entre otros títulos, empezó a trabajar Esperando las noticias del agua en 2014, con anotaciones y esbozos que poco a poco han ido tomando cuerpo. Lo que nace de allí es un paisaje, tan real como mítico, que contrapone imágenes como las del pozo y el desierto con las del río y el mar.

Ese paisaje, nos cuenta Basilio Sánchez, representa “un modelo de sociedad que la industrialización el positivismo deshumanizado, el mercado global y la pérdida de un horizonte ideológico, han hecho desaparecer dejándonos, en herencia, una sociedad más pulcra en lo material, pero enormemente sórdida en los espiritual, una forma de vida en la que la riqueza, la comodidad y la complacencia hedonista se han acabado pagando, como decía Tolstoi, con la sordidez moral”.

“Esta es la sed que, a mi entender, padecen nuestras sociedades modernas”, añade el poeta.

Un paisaje que el escritor imagina como los que traza el pintor Jean-François Millet. “Ante el absurdo de este divorcio entre el hombre y su vida, entre el actor y su escenario, entre el clamor humano y el silencio razonable del mundo –como escribió Camus–, a nosotros nos quedan la entereza y la perseverancia, la posibilidad del agua que, surgiendo del fondo de nosotros mismos, sea capaz de calmarla”.

El largo poema contiene, además de todo un imaginario muy preciso y sugerente, un argumento espacial, pero también temporal. “El orden de los textos es exactamente el mismo en el que fueron escritos. Y esto es así, en gran parte, porque el poema constituye, en el fondo, una alegoría, una fábula, un relato que podría ser moral. Una narración que, por otro lado, no conduce a ningún desenlace ya que el segundo y último fragmentos, prácticamente idénticos, se cierran en un círculo”, nos explica Sánchez.

Hay una suerte de paradoja que marca el compás del poema y, tal y como reconoce el escritor, “el movimiento aboca, finalmente, a la ausencia de movimiento, al instante con vocación de eternidad que constituye el patrimonio de la poesía”.

Basilio Sánchez ha utilizado un tono próximo “a la admonición bíblica”, como si se tratase de un réquiem, y a partir de símbolos provenientes de los textos antiguos (como el del pastor, del cordero, del pájaro o del árbol), ha ido tejiendo una panorámica aún no absorbida, según sus propias palabras, “por el nuevo feudalismo de la riqueza y la explotación de los medios naturales”. El desierto es, también, un desierto moral. Pero la ciudad de los amantes, que es refugio y morada, “no ha sido condenada, por la invasión de los bárbaros, a la banalidad del pensamiento”.

“En nuestra tradición el desierto es, sin duda, el espacio de la espiritualidad. Los grandes y verdaderos avances de nuestra especie han surgido siempre tras una ardua marcha a través de los desiertos de la soledad, la incomprensión o el ascetismo”, argumenta el poeta, quien además sostiene que “mendigamos la luz porque vivimos en medio de la oscuridad. Reivindicamos un mundo a nuestra medida porque hemos aprendido a abrir una ventana y asomarnos en silencio a la ternura de lo que ya no existe”.

“En su sueño / Este río / Es el alma del mundo / Un mar en movimiento / En el que reverberan, como banco de peces / Los reflejos oscuros de las casas / Sus aguas espumosas / Arrastran los matices rojizos de la tarde / A la confusa oscuridad del estrecho”, leemos.

Y es que son las imágenes repetidas del agua, en sus múltiples formas, las que desbordan el enigma del deseo y del indescifrable misterio.

“El mar es el origen, el caldo primigenio del que manan las posibilidades, el punto a partir del cual es factible reconducir los comportamientos y las pautas. El agua es el lugar de la contemplación, el espacio secreto donde el alma se calma y se serena, el sitio en el que uno –como Heidegger– puede llegar al convencimiento de que el hombre no es el señor del universo, sino el pastor del ser”, nos responde Basilio Sánchez cuando le preguntamos por esa poética donde se encuentran, en un juego de tensiones, lo fluvial con lo árido.

Como apunta el poeta en Esperando las noticias del agua, “Debajo de la nieve está todo por hacer”. La sed es una forma como otra de comenzar una coreografía, de lobos y de semillas, en la que dos cuerpos interpretan el sentido último de las ruinas.


Fermín Herrero: Separando el grano de la paja. El Norte de Castilla 30 de junio de 2018

Por fortuna, la poesía en español sigue gozando de una mala salud de hierro, con el añadido de una disparidad enorme de estéticas y posibilidades estilísticas, cuando no hace mucho se imponían claramente en el panorama tendencias dominantes. Todo esto, naturalmente, dejando de lado el sarpullido comercial de youtubers, showmans televisivos y demás parapoetas juveniles de escritura mostrenca que copan las listas de los libros más vendidos como muestra del desastre lector y cultural, amén de educativo, en el que nos encontramos inmersos. Sin duda, este fenómeno, como lo llaman, puede terminar liquidando no sólo la diversidad sino, a la larga, la propia esencia y sentido de la poesía, la poesía como tal, vaya. De momento esta hecatombe aún no se ha producido por completo y como de siempre, y más ahora en medio de la rastrojera, la tarea principal de la crítica ha sido intentar separar el grano de la paja. [...]

Una vez consolidado un estilo propio dentro de la línea, que viene de Horacio y Fray Luis de León, de poesía serena y meditativa con una impronta personal, Basilio Sánchez no ha sucumbido a la tentación fácil –en todo caso lícita, en absoluto reprobable– de escribir siempre el mismo libro. Muy al contrario, en ‘Esperando las noticias del agua’ –con viñeta muy ilustrativa en la portada, como es frecuente en la exquisita colección ‘La Cruz del Sur’ de Pretextos, de Ramón Gaya– ensaya el poema alegórico, casi parabólico-bíblico y unitario, aunque dividido en casi cincuenta tramos, que, según el autor, y no se puede sintetizar con más propiedad, «reflexiona sobre la entereza y la perseverancia como únicas maneras de sobrevivir al extravío ético de nuestras sociedades actuales». Un empeño hacia el que desde sus inicios se ha orientado su verso medido, preciso y claro, en la búsqueda de la creación de un sentido para la existencia, tal y como reflexionara en su anterior libro en prosa. Si bien es cierto que su poética se ha ido desplazando poco a poco, elevando podría aducirse, desde la emoción sencilla y honda de lo cotidiano, con la alegría de lo escaso de la que se aprovisionan los tristes, hacia lo primigenio y lo simbólico universal, «en los confines de la ausencia de Dios». [...]


Arturo Tendero: Basilio Sánchez, Esperando las noticias del agua. El mundanal ruido.http://articulosdearturotendero.blogspot.com/ julio 2018

«¿Cómo reconocer, / inmersos en el tráfago / de nuestras percepciones, / los pequeños instantes que nos salvan, / los acontecimientos / que nos vuelven distintos para siempre?». Explica Basilio Sánchez que su libro «es un poema único compuesto por 48 fragmentos que, de forma alegórica y utilizando como hilo narrativo el amor entre dos jóvenes, reflexiona sobre la entereza y la perseverancia como únicas maneras de sobrevivir al extravío ético de nuestras sociedades». El extremeño Sánchez (Cáceres, 1958) está en su derecho de indicarnos la lectura que él prefiere. Sin embargo, su lectura respeta la nuestra, porque llega al final. Habíamos observado que los poemas van numerados sin título y que tienen un trasfondo moral, pero la historia de amor se disuelve en una evanescencia legendaria: «no nos reconocimos en la noche, / dice él, / hasta que intercambiamos / nuestras lámparas / y nos iluminamos cada uno / con el fuego del otro». Todo ocurre cerca y a la vez envuelto en bruma, una bruma que sirve para difuminar lo prescindible y para ayudarnos a poner el foco en lo que importa: «la fragancia que desprenden las cosas / que están cerca, / los aromas / con los que la existencia condimenta / el inmenso regalo de la vida». Esperando las noticias del agua es uno de esos poemarios que corren por delante de los ojos como un río y que a su paso siembran. Las imágenes se van configurando poco a poco, cuando dejamos de mirar. «Desde lo más profundo / a lo más alto / todo obedece a un orden / que ignoramos, / participa de una vida secreta / que, aunque no nos excluye, / solo en sí misma encuentra su argumento, / su justificación». Si es un libro moral, como pretende Sánchez, y como ya íbamos intuyendo, lo es de una manera sutil, alejándonos de la ciudad hacia la naturaleza, asentándonos en el presente desde la aceptación de lo que fuimos: «Todo lo que nos une, / dice ella, / nos concilia también con el pasado». En el libro pisamos mariposas muertas, las sombras son rebaños, «un pájaro se eleva solitario / como si fuese la cometa / que se escapa de las manos de un niño».