Basilio Sánchez


Crítica a Esperando la noticias del agua

Álex Chico: Quimera Nº 419. Noviembre de 2018

Habían pasado ya cinco años desde que Basilio Sánchez publicara su último libro de poemas, aunque su última obra, en narrativa, pueda leerse como un extenso poema en prosa. Basilio Sánchez regresa ahora al poema con un libro magnífico, Esperando las noticias del agua. Como buena parte de sus textos anteriores, el poeta extremeño construye una atmósfera muy particular, con un aire de leyenda cotidiana que nos envuelve por completo a los lectores. Un universo que desplaza la lentitud y convierte en estático lo que no para de moverse. Todo sucede en un paisaje sencillo, cargado de una memoria de siglos, y a la vez actual y contemporáneo, como el aquí y el ahora benjaminiano. Sus poemas reflejan una claridad compleja. Son escenas diáfanas plagadas de matices, una figuración abstracta en donde todo es y no es lo que parece. Son, en suma, una lección de permanencia y un elogio de la mirada, con una profundidad y una hondura que sitúan a Basilio Sánchez entre los poetas más interesantes de la poesía española reciente.


Albert Lladó: Esperando las noticias del agua. Revista de Letras, 29 septiembre de 2018. http://revistadeletras.net/esperando-las-noticias-del-agua-basilio-sanchez/

Basilio Sánchez (Cáceres, 1958) acaba de publicar en la editorial Pre-Textos un nuevo poemario, Esperando las noticias del agua, en el que la sed se convierte en un hogar rural y metafórico. Se trata de un poema único, dividido en cuarenta y ocho fragmentos, que ofrece como hilo narrativo el amor entre dos jóvenes, desnudos de tecnología y de ruido.

El autor, que antes ha publicado Los bosques interiores, Las estaciones lentas o Cristalizaciones, entre otros títulos, empezó a trabajar Esperando las noticias del agua en 2014, con anotaciones y esbozos que poco a poco han ido tomando cuerpo. Lo que nace de allí es un paisaje, tan real como mítico, que contrapone imágenes como las del pozo y el desierto con las del río y el mar.

Ese paisaje, nos cuenta Basilio Sánchez, representa “un modelo de sociedad que la industrialización el positivismo deshumanizado, el mercado global y la pérdida de un horizonte ideológico, han hecho desaparecer dejándonos, en herencia, una sociedad más pulcra en lo material, pero enormemente sórdida en lo espiritual, una forma de vida en la que la riqueza, la comodidad y la complacencia hedonista se han acabado pagando, como decía Tolstoi, con la sordidez moral”.

“Esta es la sed que, a mi entender, padecen nuestras sociedades modernas”, añade el poeta.

Un paisaje que el escritor imagina como los que traza el pintor Jean-François Millet. “Ante el absurdo de este divorcio entre el hombre y su vida, entre el actor y su escenario, entre el clamor humano y el silencio razonable del mundo –como escribió Camus–, a nosotros nos quedan la entereza y la perseverancia, la posibilidad del agua que, surgiendo del fondo de nosotros mismos, sea capaz de calmarla”.

El largo poema contiene, además de todo un imaginario muy preciso y sugerente, un argumento espacial, pero también temporal. “El orden de los textos es exactamente el mismo en el que fueron escritos. Y esto es así, en gran parte, porque el poema constituye, en el fondo, una alegoría, una fábula, un relato que podría ser moral. Una narración que, por otro lado, no conduce a ningún desenlace ya que el segundo y último fragmentos, prácticamente idénticos, se cierran en un círculo”, nos explica Sánchez.

Hay una suerte de paradoja que marca el compás del poema y, tal y como reconoce el escritor, “el movimiento aboca, finalmente, a la ausencia de movimiento, al instante con vocación de eternidad que constituye el patrimonio de la poesía”.

Basilio Sánchez ha utilizado un tono próximo “a la admonición bíblica”, como si se tratase de un réquiem, y a partir de símbolos provenientes de los textos antiguos (como el del pastor, del cordero, del pájaro o del árbol), ha ido tejiendo una panorámica aún no absorbida, según sus propias palabras, “por el nuevo feudalismo de la riqueza y la explotación de los medios naturales”. El desierto es, también, un desierto moral. Pero la ciudad de los amantes, que es refugio y morada, “no ha sido condenada, por la invasión de los bárbaros, a la banalidad del pensamiento”.

“En nuestra tradición el desierto es, sin duda, el espacio de la espiritualidad. Los grandes y verdaderos avances de nuestra especie han surgido siempre tras una ardua marcha a través de los desiertos de la soledad, la incomprensión o el ascetismo”, argumenta el poeta, quien además sostiene que “mendigamos la luz porque vivimos en medio de la oscuridad. Reivindicamos un mundo a nuestra medida porque hemos aprendido a abrir una ventana y asomarnos en silencio a la ternura de lo que ya no existe”.

“En su sueño / Este río / Es el alma del mundo / Un mar en movimiento / En el que reverberan, como banco de peces / Los reflejos oscuros de las casas / Sus aguas espumosas / Arrastran los matices rojizos de la tarde / A la confusa oscuridad del estrecho”, leemos.

Y es que son las imágenes repetidas del agua, en sus múltiples formas, las que desbordan el enigma del deseo y del indescifrable misterio.

“El mar es el origen, el caldo primigenio del que manan las posibilidades, el punto a partir del cual es factible reconducir los comportamientos y las pautas. El agua es el lugar de la contemplación, el espacio secreto donde el alma se calma y se serena, el sitio en el que uno –como Heidegger– puede llegar al convencimiento de que el hombre no es el señor del universo, sino el pastor del ser”, nos responde Basilio Sánchez cuando le preguntamos por esa poética donde se encuentran, en un juego de tensiones, lo fluvial con lo árido.

Como apunta el poeta en Esperando las noticias del agua, “Debajo de la nieve está todo por hacer”. La sed es una forma como otra de comenzar una coreografía, de lobos y de semillas, en la que dos cuerpos interpretan el sentido último de las ruinas.


Fermín Herrero: Separando el grano de la paja. El Norte de Castilla 30 de junio de 2018

Por fortuna, la poesía en español sigue gozando de una mala salud de hierro, con el añadido de una disparidad enorme de estéticas y posibilidades estilísticas, cuando no hace mucho se imponían claramente en el panorama tendencias dominantes. Todo esto, naturalmente, dejando de lado el sarpullido comercial de youtubers, showmans televisivos y demás parapoetas juveniles de escritura mostrenca que copan las listas de los libros más vendidos como muestra del desastre lector y cultural, amén de educativo, en el que nos encontramos inmersos. Sin duda, este fenómeno, como lo llaman, puede terminar liquidando no sólo la diversidad sino, a la larga, la propia esencia y sentido de la poesía, la poesía como tal, vaya. De momento esta hecatombe aún no se ha producido por completo y como de siempre, y más ahora en medio de la rastrojera, la tarea principal de la crítica ha sido intentar separar el grano de la paja. [...]

Una vez consolidado un estilo propio dentro de la línea, que viene de Horacio y Fray Luis de León, de poesía serena y meditativa con una impronta personal, Basilio Sánchez no ha sucumbido a la tentación fácil –en todo caso lícita, en absoluto reprobable– de escribir siempre el mismo libro. Muy al contrario, en ‘Esperando las noticias del agua’ –con viñeta muy ilustrativa en la portada, como es frecuente en la exquisita colección ‘La Cruz del Sur’ de Pretextos, de Ramón Gaya– ensaya el poema alegórico, casi parabólico-bíblico y unitario, aunque dividido en casi cincuenta tramos, que, según el autor, y no se puede sintetizar con más propiedad, «reflexiona sobre la entereza y la perseverancia como únicas maneras de sobrevivir al extravío ético de nuestras sociedades actuales». Un empeño hacia el que desde sus inicios se ha orientado su verso medido, preciso y claro, en la búsqueda de la creación de un sentido para la existencia, tal y como reflexionara en su anterior libro en prosa. Si bien es cierto que su poética se ha ido desplazando poco a poco, elevando podría aducirse, desde la emoción sencilla y honda de lo cotidiano, con la alegría de lo escaso de la que se aprovisionan los tristes, hacia lo primigenio y lo simbólico universal, «en los confines de la ausencia de Dios». [...]


Arturo Tendero: Basilio Sánchez, Esperando las noticias del agua. El mundanal ruido.http://articulosdearturotendero.blogspot.com/ julio 2018

«¿Cómo reconocer, / inmersos en el tráfago / de nuestras percepciones, / los pequeños instantes que nos salvan, / los acontecimientos / que nos vuelven distintos para siempre?». Explica Basilio Sánchez que su libro «es un poema único compuesto por 48 fragmentos que, de forma alegórica y utilizando como hilo narrativo el amor entre dos jóvenes, reflexiona sobre la entereza y la perseverancia como únicas maneras de sobrevivir al extravío ético de nuestras sociedades». El extremeño Sánchez (Cáceres, 1958) está en su derecho de indicarnos la lectura que él prefiere. Sin embargo, su lectura respeta la nuestra, porque llega al final. Habíamos observado que los poemas van numerados sin título y que tienen un trasfondo moral, pero la historia de amor se disuelve en una evanescencia legendaria: «no nos reconocimos en la noche, / dice él, / hasta que intercambiamos / nuestras lámparas / y nos iluminamos cada uno / con el fuego del otro». Todo ocurre cerca y a la vez envuelto en bruma, una bruma que sirve para difuminar lo prescindible y para ayudarnos a poner el foco en lo que importa: «la fragancia que desprenden las cosas / que están cerca, / los aromas / con los que la existencia condimenta / el inmenso regalo de la vida». Esperando las noticias del agua es uno de esos poemarios que corren por delante de los ojos como un río y que a su paso siembran. Las imágenes se van configurando poco a poco, cuando dejamos de mirar. «Desde lo más profundo / a lo más alto / todo obedece a un orden / que ignoramos, / participa de una vida secreta / que, aunque no nos excluye, / solo en sí misma encuentra su argumento, / su justificación». Si es un libro moral, como pretende Sánchez, y como ya íbamos intuyendo, lo es de una manera sutil, alejándonos de la ciudad hacia la naturaleza, asentándonos en el presente desde la aceptación de lo que fuimos: «Todo lo que nos une, / dice ella, / nos concilia también con el pasado». En el libro pisamos mariposas muertas, las sombras son rebaños, «un pájaro se eleva solitario / como si fuese la cometa / que se escapa de las manos de un niño».



Álvaro Valverde: La materia secreta de las cosas. Turia N.º 128. Noviembre 2018

Basilio Sánchez (Cáceres, 1958) no fue un poeta precoz. Ya era médico cuando su primer libro, A este lado del alba, logró en 1983 un accésit del premio Adonáis. A este le siguieron: Los bosques interiores, La mirada apacible, Al final de la tarde, El cielo de las cosas, Para guardar el sueño, Entre una sombra y otra y Las estaciones lentas. En 2010 publicó su poesía reunida: Los bosques de la mirada. Después han llegado Cristalizaciones y el libro que nos ocupa, Esperando las noticias del agua.

Conviene recordar que en su biografía figuran dos libros en prosa que son en realidad de poesía, por el asunto del que se ocupan y por la escritura que los caracteriza. Me refiero a El cuenco de la mano y La creación de sentido.

Con una obra así de extensa y, lo que más importa, de una sostenida y excelente calidad, cualquiera podría pensar que estamos ante un poeta canónico, de los reincidentes en las antologías generacionales y en los manuales, sin embargo, dista de serlo salvo para un nutrido grupo, cada vez más amplio, de exigentes críticos y lectores que esperan cada una de sus entregas con auténtico fervor. Lectores, añado, que han comprendido no solo el alcance de su obra, título a título, sino también la singularidad de su apuesta, única en rigor dentro del panorama de la poesía hispanoamericana de nuestro tiempo. La poesía de Sánchez, por muchas lecturas que incluya (no estamos ante un poeta adánico), es la de alguien que ha alcanzado una voz propia que identificamos, naturalmente, con los versos que compone.

Cuesta creer que estos se hayan tenido que imponer, libro a libro, a costa de premios y ayudas, y no por la soberana decisión de un editor. Pero eso, cuando tenemos sus poemas delante, interesa muy poco y, además, acrecienta su consideración, pues se trata de galardones de prestigio (Ricardo Molina-Ciudad de Córdoba, Tiflos, Gil de Biedma, Unicaja, Extremadura a la Creación...), conseguidos limpiamente.

Pre-Textos, la acreditada casa valenciana que ya publicara su tercer libro y La creación del sentido, vuelve a apostar por él e incluye en su catálogo, y en la más bonita de sus colecciones: La Cruz del Sur, Esperando las noticias del agua, que desde el rótulo comienza a inquietar al ávido lector que se pregunta por el significado de esas misteriosas palabras. Y es que, digámoslo pronto, «misterio» es la palabra que mejor define lo que el libro expresa. Su autor, que ha demostrado de sobra su capacidad indagatoria y su inteligencia lectora, dice en una nota final: «Esperando las noticias del agua es un poema único compuesto por cuarenta y ocho fragmentos que, de una forma alegórica y utilizando como hilo narrativo el amor entre dos jóvenes, reflexiona sobre la entereza y la perseverancia como únicas maneras de sobrevivir al extravío ético de nuestras sociedades actuales.

Sin apenas anclajes geográficos o temporales, el poema construye el escenario mítico de un paisaje rural en extinción para indagar en las actitudes que, a modo de resistencia activa de carácter moral, nos pueden ayudar a superar las inclemencias de una época que en muchos de sus aspectos esenciales adolece de inanición y de sequía».

No siempre el que escribe es capaz de iluminar a quién lee de esta manera. Tan elocuente, diría. En este par de párrafos está bien definida, no solo la intención sino también el resultado de un libro tan breve como intenso dedicado a una figura clave en su vida, y de esta obra: su mujer, Maribel. Y eso porque el amor, ya se dijo, es uno de los pilares en los que se asienta esta poética de la bondad que nunca pierde de vista ni la verdad ni la belleza.

Confiesa Sánchez que a la música de Brahms le debe una inspiración sobrevenida. Musical es, por su tono y su ritmo, esta poesía lenta que, poco a poco, se va apoderando, a medida que avanza la lectura, de los oídos de un lector que se deja llevar por su cadencia, digamos, callada. En lo visual, otro componente imprescindible, la iluminación le vino de un óleo de Millet, Bergère avec son trupeau.

Anoto estos detalles porque, como explicamos, el marco, lo temporal y lo espacial (aunque aquí caben más los términos intemporal e inespacial), no se explicita, queda sugerido, algo que añade misterio, de nuevo esa palabra, a los poemas. Ya en el primer canto leemos: «Pero fui yo el que estuvo / sentado junto al pozo / esperando las noticias del agua». Desde el principio también, un ambiente bíblico, que en fondo y forma, se acerca a lo religioso, por más que no estemos ante ningún tipo de doctrina. O tal vez sí: la del humanismo, de genuino origen cristiano, que viene siendo santo y seña de la poesía moral y consciente de Basilio Sánchez desde su ópera prima.

Con sutileza, a través de un lenguaje altamente imaginativo, que a rachas parece el fruto de la más elevada inspiración (aquella que linda con la mística), alegórico en todo caso, construido con palabras comunes que remiten a conceptos metafóricos y simbólicos complejos, como luz, fuego, noche, pájaro…; a seco golpe de aforismo («El tiempo es la materia de los árboles», «La emoción es un temblor del sentido», «El dolor es un drenaje secreto»); en medio de un vislumbrado paisaje entre ameno y desértico, vegetal y apocalíptico, propio de cualquier fin del mundo o del inicio de una nueva era; «En los confines / de la ausencia de Dios»; entre ángeles rilkeanos («Todos necesitamos de consuelo»); dentro de la casa del amor («Donde un hombre y una mujer se aman / sin temor y sin cólera / siempre ha habido una casa»); dentro incluso de los muros de una ciudad concreta (el Cáceres natal de Sánchez): «La ciudad es hermosa / porque nunca dejó de ser secreta», se obra el milagro. El de la poesía, cuál si no. De donde surge, por encima de las ruinas, «el esplendor modesto de su inmensa pobreza», «el inmenso regalo de la vida», «la alegría de los tristes». Porque «todo obedece a un orden / que ignoramos, / participa de una vida secreta». La que «nos enseña a soportar la intemperie». Aquí, sí, «la elegancia de lo invisible»: lo secreto que «sobrevive sin agua».


Francisco Onieva: El poema, acto de resistencia moral. Cuadernos del sur. Diario de Córdoba. 1 de diciembre de 2018

«Un poema único compuesto por cuarenta y ocho fragmentos que, de una forma alegórica y utilizando como hilo narrativo el amor entre dos jóvenes, reflexiona sobre la entereza y la perseverancia como únicas maneras de sobrevivir al extravío ético de nuestras sociedades actuales». Con estas palabras, sacadas de las «Notas y agradecimientos» finales, define Basilio Sánchez (Cáceres, 1958) su último poemario, Esperando las noticias del agua, recientemente editado por la editorial valenciana Pre-Textos dentro de su prestigiosa colección La cruz del Sur.

Con tal intención, el poeta despoja el poema de cualquier coordenada geográfica y temporal y construye «un escenario mítico», a partir de un profundo proceso de indagación en las entrañas del desaparecido paisaje rural de la infancia. Semejante regreso a los orígenes es un acto de resistencia moral frente a la intemperie de la sociedad actual, en la medida en que pretende encontrar modos de estar en el mundo que ayuden a superar las grietas sobre las cuales se cimenta. Para ello, el yo poético inicia una incierta búsqueda, con el único asidero de la palabra, por los márgenes propios, asomándose al precipicio interior para tantear las preguntas que dan sentido a su existencia y abrirse, inmediatamente, al exterior, consciente de que solo puede ser definido a partir del otro, que actúa como espejo capaz de dar, de la manera más ajustada posible, su medida, y a partir de los vínculos sobre los que se levanta una relación dialógica.

En este sentido, la creación de los dos jóvenes enamorados y el empleo de la tercera persona -que convive en armonía polifónica con la primera e, incluso, con la segunda- permiten un decir plural, que desborda el ámbito de la intimidad individual para alcanzar una intimidad compartida, con lo que el discurso queda abierto a la alteridad y deviene experiencia colectiva.

Y es, precisamente, en esta dimensión de la palabra, donde radica la profunda humanidad que irradian los versos del poeta cacereño. Versos, cabría añadir, de alguien que ha aprendido a mirar con el asombro necesario los pequeños detalles que lo rodean, para fundirse con lo mirado a través de la meditación y destilar lo observado en materia poética.

Este decir es concebido como un susurro al oído, una reflexión a media voz, en la cual el lector se reencuentra con una palabra germinal, nacida del interior del propio ser que la genera y, por tanto, libre de las connotaciones sociales, ideológicas, históricas o culturales que la han ido erosionando. Tan solo desde esta palabra, despojada de excesos verbales, con la que se podrá nombrar de un modo diferente el mundo y, en consecuencia, crearlo, se pueden tener noticias de un agua que purifica y salva, convirtiéndose en horizonte y trinchera, linde y confluencia, refugio y abismo.